Mis queridos jóvenes:

Os saludo en el nombre del Señor Jesucristo y pido que sus bendiciones, amor y dirección sean sobre vosotros en abundancia.

Adán y Eva debían ser como Dios en justicia y santidad

Hace 6000 años atrás Dios decidió crear este planeta y colocar en él al ser humano, éste era la obra cumbre de la creación, porque fue creado a la imagen y semejanza de su Hacedor. ¡Qué gran privilegio! Significa que al salir de las manos del Creador, la naturaleza física, mental y espiritual de Adán y Eva tenía la semejanza de Dios. Cada facultad física, mental y espiritual eran perfectas. Su mente estaba preparada para un cultivo continuo, “expansión, refinamiento y noble elevación, pues Dios era su Maestro y los ángeles sus compañeros” (RH, 24-2-1874). El propósito de Dios es que cuanto más viviera el ser humano más plenamente revelara esa imagen, más plenamente reflejara la gloria del Creador.

Disfrutaban de los más elevados placeres de su santa existencia. El plan de Dios era que la tierra se llenase de hogares semejantes al Edén, para que por el tiempo toda la tierra fuese ocupada por hogares edénicos donde se estudiase la Palabra y las obras de Dios a fin de que los estudiantes reflejasen más y más la imagen y semejanza de su Hacedor.

La imagen y semejanza destruida

Había alguien que no estaba satisfecho con que el ser humano llevase la imagen y semejanza divinas; entonces trazó un plan para hacerles caer en el pecado. Desgraciadamente consiguió hacer pecar a la primera pareja humana. El pecado destruyó la imagen y semejanza de Dios. ¿Qué tiene de imagen y semejanza divina nuestro carácter? Nos complacemos en el pecado pero odiamos a los pecadores; hacemos las guerras, el mundo está lleno de violencia, niños que sufren, abortos, delincuencia, enfermedad, odio, muerte…

¿Qué queda de la imagen y semejanza de Dios? ¿Qué queda de la imagen de Dios en esos jóvenes que se degradan en el placer de las drogas, del sexo corrompido, del alcohol, de una vida sin
propósito? ¿Qué hay de imagen de Dios en esos esposos que golpean a sus cónyuges o abandonan a sus niños? Y aún más, ¿qué hay de Dios en nosotros los cristianos cuando tratamos injustamente a nuestros hermanos y los perjudicamos de alguna manera? “He aquí, solamente he hallado esto: Que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas perversiones”
(Eclesiastés 7:29).

También Satanás había perdido la semejanza divina por su rebelión contra Dios. Alguien que cae tiene la mentalidad de llevarse a otros con él. Pareciera que de esta forma es menor el dolor: “Tan pronto como el Señor por medio de Jesucristo creó nuestro mundo, Satanás declaró su propósito de conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de toda la humanidad, y unirlos a sus propias filas de rebelión. Estaba determinado a borrar la imagen de Dios de la posteridad humana, y esculpir su propia imagen sobre el alma en lugar de la imagen divina” (El Cristo Triunfante, pág. 12).

Necesidades de referentes

Antes del pecado, Adán y Eva podían contemplarse en su Hacedor, hallar en Él su ejemplo, su razón de ser. Su crecimiento espiritual no estaba limitado sino que podían seguir creciendo en sabiduría y en santidad.

Después del pecado, quedó rota la comunicación directa con Dios, la naturaleza santa de la primera pareja humana se transformó y en su lugar se instaló en la moral humana la naturaleza pecaminosa corrompida que tenemos en nuestros días. Las facultades físicas del hombre se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció, quedó sujeto a la muerte.

Satanás había garantizado a Eva, si comía del fruto prohibido, entrar en un estado nuevo de mayor conocimiento, poder y felicidad. Pero lo único que pasó con la trasgresión fue lo contrario. ¿Por qué? Tal y como leímos en el anterior testimonio, lo que ocurrió es que Satanás esculpió su propia imagen sobre el alma en lugar de la imagen divina, esto es lo que comenta Pedro en su epístola: “Les prometen libertad, pero ellos mismos son esclavos de hábitos que los destruirán, pues uno es esclavo de aquello que lo domina” (2 Pedro 2:19). (Palabra de Dios para Todos).

Como prueba irrefutable de este aserto, sólo tenemos que dar un vistazo a este mundo que controla el príncipe de las tinieblas (Juan 14:30; 2 Corintios 4:4). De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, unas 3.000 personas se quitan l vida diariamente, y por cada suicida que logra su objetivo, hay 20 más que lo intentan. El suicidio se encuentra entre las tres primeras
causas en el mundo de muerte y se da en personas de 15 a 44 años; lo que nos dice que son muchos jóvenes los que terminan con su vida. Según previsiones, para el año 2020 se estima que la cifra aumentará a más de 4.100 personas por día. Se sabe que entre los jóvenes la desesperanza es el factor que más se relaciona con este acto. Si sumamos a estos datos, la cantidad de guerras que han tenido lugar en este mundo, los actos de violencia diarios, asesinatos, robos, violaciones y muchos más, comprobaremos que el ser humano perdió la imagen de Dios y adquirió la de su tentador: El diablo.

¿Hay alguna esperanza para este mundo? ¡Sí, sí! ¡Gracias a Dios! El ser humano, después de la caída no fue dejado sólo, sino que se le dio una promesa de restauración: Aunque tendría que sufrir las consecuencias terribles del pecado, un día vendría a este mundo su Salvador, que muriendo en la cruz, abriría la puerta del paraíso nuevamente para que cualquier humano que en Él
creyere pudiera regresar a su hogar edénico (Génesis 3:15; Juan 3:16). Esta es la explicación del por qué no podemos cambiarnos a nosotros mismos, del por qué nuestro mundo cada vez se degrada más y más, porque nuestra naturaleza pecaminosa está sometida al poder del maligno. No puedes tú solo, querido joven, cambiar tu carácter, tus tendencias, tu naturaleza: “Puede el
etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?” (Jeremías 13:23).

Pero necesitamos cambiar. No podemos conformarnos con esta naturaleza pecaminosa. ¿Qué puedes hacer, querido joven? ¿A quién puedes imitar en esta tierra? ¿Qué referentes humanos puedes escoger para que sean tu ejemplo? Nuestros padres tienen defectos, nuestros familiares tienen defectos, también nuestros amigos y hermanos. Los mejores hombres tienen defectos. No hay nadie que sirva para ser nuestro modelo porque todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

El único ejemplo a seguir

El único ejemplo que puedes imitar, querido joven, es Jesucristo. Jesús vino a deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). Otras versiones: “destruir las obras del diablo”. Jesús tenía que venir en la misma naturaleza que el ser humano en su estado caído para constituirse en su ejemplo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). “Enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3).

Jesús vino a esta tierra con su divinidad pero velada en la humanidad. Era ciento por ciento Dios y ciento por ciento hombre: “La divinidad y la humanidad estaban misteriosamente combinadas y el hombre y Dios se fusionaron” (Dios nos Cuida, pág. 72). “La encarnación de Cristo es el misterio de todos los misterios” (En lugares celestiales, pág. 43). Jesús tenía una misión como ya vimos: Deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). Para eso tenía que tomar nuestra naturaleza y demostrar que todo joven y adulto en su estado caído sí que pueden obedecer la Ley de Dios con la ayuda del Espíritu Santo, que Adán tenía menos motivos para ceder a la tentación y si pecó fue porque quiso.

Jesús se enfrentó al diablo en el mismo terreno que había caído Adán y venció. Venció el pecado de forma completa y absoluta. No pecó ni en pensamiento, ni en palabras, ni en acción. Su victoria ahora está a nuestra disposición. A través de la gracia que Él nos imparte, podemos resistir al enemigo y vencer la tentación.

La infancia, adolescencia, juventud y adultez de Jesús

La infancia de Jesús, su adolescencia, juventud y adultez, fueron un ejemplo perfecto a imitar tanto para los adultos como para los jóvenes. Poco se sabe de la infancia de Jesús, tenemos poca información pero suficiente: ”Y el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre El” (Lucas 2:40). “Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia
para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

En estos textos podemos entender que existen tres áreas importantes en las que el joven debe crecer: Física, espiritual y social. Jesús crecía y fortalecía no sólo en el aspecto físico, sino también en el aspecto espiritual por eso se llenaba de sabiduría y la gracia estaba siempre operando en Él y a través de Él en los hombres. Así puede ser también contigo, querido joven, que crezcas y te fortalezcas en la fe, que a medida que te relacionas con Jesús, puedas llenarte de sabiduría y que su gracia te vaya transformando y convirtiéndote en un instrumento de salvación.

Encontramos otra información importante sobre la adolescencia de Jesús: “Y descendió con ellos y vino a Nazaret, y continuó sujeto a ellos” (Lucas 2:51). Jesús también aprendió a estar sujeto a sus padres. Este es un dato importante. Debemos respeto y honra a nuestros progenitores (Éxodo 20:12). Acuérdate, querido joven y niño, que Dios te ha dado unos padres para que los respetes y ames, un día ya no estarán contigo, el momento para manifestarles tu tierna solicitud, amor y respeto es mientras viven. Luego, de nada sirven las flores que se les lleva a la tumba.

Jesús te ha demostrado, joven, que te ama de una manera profunda, tierna e inquebrantable. Mira cuando bendijo a los niños, mira cuando bendijo y prosperó a José, cuando estuvo con Daniel y sus tres compañeros en Babilonia; cuando usó a la joven que servía en la casa de Naamán el Sirio; cuando estuvo con Timoteo y lo usó para predicar el Evangelio. La imagen y semejanza divina puede nuevamente implantarse en ti querido joven, por la obra de la gracia que lleva a cabo el Espíritu Santo, si aceptas a Jesús como tu Salvador personal, confiesas tus pecados y te apartas de ellos.

“Aunque la imagen moral de Dios fue prácticamente eliminada por el pecado de Adán, puede ser renovada por los méritos y el poder de Jesús. El hombre puede permanecer de pie con la imagen moral de Dios en su carácter; porque Jesús se la dará. Mediante el elemento transformador que posee su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura” (La Maravillosa Gracia de Dios, pág. 246).

Jesús te ama a ti, querido joven, más de lo que tú te puedes imaginar, él sabe todo de ti, tus fracasos, tus derrotas, tus pensamientos más recónditos y sin embargo te ama. Desea ver su imagen reflejada en ti porque el carácter es lo único que te podrás llevar al cielo. Quiero hacerte una pregunta: ¿Qué significa para ti Jesús? Podrías comentar esto, junto con los demás jóvenes, en el momento que os reunáis para leer y estudiar este escrito. El Señor te bendiga.

José Vicente Giner
Pastor y director del Departamento de Jóvenes
de la Asociación General