SEMILLEROS DE ESPERANZA

ROMPIENDO CADENAS

Objetivos:

  1. Entender que la pornografía es un pecado que nos destruye.
  2. Asumir y reconocer si estamos atrapados con estas cadenas.
  3. Buscar ayuda sinceramente en Dios y en personas de espiritualidad probada.
  4. Recibir herramientas que pueden ayudar y reforzar al joven.

Introd.

  1. El diablo nos ha inundado de sexualidad degradada y la pornografía es una de las formas a través de la cual trata de hundir en el pecado a los jóvenes.
  2. “En los transportes públicos se hacen circular fotografías de mujeres desnudas para la venta. Estas fotografías odiosas también se encuentran en los estudios fotográficos y se cuelgan en las paredes de los que venden grabados. Esta es una época en la que la corrupción prolifera por doquiera… Luego siguen pecados y crímenes que arrastran a los seres formados a la imagen de Dios a un nivel semejante al de las bestias, hundiéndolos final–mente en la perdición” (Mente, Carácter y Personalidad, Tomo1, 235).
  3. Estas palabras fueron dichas hace más de cien años y sin embargo todavía tienen vigencia absoluta. La sierva de Dios fue inspirada a escribirlas. Este asunto sigue reinando en nuestro medio, y aún más, porque hoy ya no hay casi ninguna restricción para la exhibición pública del pecado, los mismos gobiernos lo aprueban. La luz roja de peligro está encendida, la pornografía es como un tornado que la gente no ve pero que está arrasando vidas, hogares, ciudades, naciones.

I. EL ATAQUE LETAL DEL ENEMIGO

  1. Dios hizo a la mujer atractiva para el hombre, y diseñó al hombre con la necesidad de la mujer, les dio a la pareja el regalo del sexo. A los hombres les atrae poderosamente el sexo opuesto, es natural. Pero cuando se pervierte el sexo, arrasa nuestra vida como un tornado. El sexo dentro del matrimonio es una bendición, fuera es una maldición terrible. Alguien dijo que el fuego en la chimenea calienta la casa, pero fuera de ella la puede quemar y destruir. Así ocurre con el sexo. Recordemos el caso de Sansón que era débil en el aspecto moral. Se dejó guiar y cuánto daño le hizo la pasión, el deseo sexual incontrolado. ¡Cuánto perdió en su vida!
  2. La pornografía es la inmoralidad gráfica. “Es la representación de conductas obscenas en libros, revistas, fotografías, videos u otros medios con la intención de provocar sexualmente” (Enciclopedia Británica. Vol. II, Pág. 272). La desnudez humana es explotada por razones eróticas y económicas, sus víctimas son llevadas a mayores simas de perversidad, no hay fin, vienen una cantidad grande de demonios que dominan completamente al individuo.
  3. La pornografía enciende el deseo de algo más fuerte hasta que llega a un punto que la pornografía no basta, entonces la gente quiere pasar a la acción: Fornicación, adulterio, masturbación. “Nunca se cansa el ojo de ver y el oído de oir…” (Ecl. 1:8). Esto explica que el por qué el que cae en el peca–do de la pornografía, resulta difícil salir de ahí. Por eso la pornografía ha tenido tanto éxito a nivel mundial y es unos de los negocios más rentables.

II. CENSURADO POR DIOS POR NUESTRO BIEN

  1. Si Dios nos priva de algo no es para hacernos daño, al contrario, es para librarnos del mal y de todas sus consecuencias. Ya desde antiguo Dios le dio instrucciones específicas a su pueblo en relación a los asuntos sexuales: Los solteros debían abstenerse de toda manifestación sexual (Col. 3:5; 1 Co. 6:18-20), de lo contrario cometían fornicación. Cuando una pareja contrae matrimonio, se deben respeto mutuo y fidelidad de por vida, la violación de este voto es adulterio (Éx. 20:14).
  2. El homosexualismo, las relaciones entre personas del mismo sexo, también están prohibidas en la Biblia (Lv. 18:22), así como la zoofilia, que es la rela–ción sexual con animales este es un pecado abominable (Éx. 22:19). En suma, toda impureza sexual, degrada al individuo, mientras que mantenerse dentro del círculo trazado por Dios, le protege y guarda del mal. El “no“ de Dios es la garantía de nuestra felicidad.
  3. La finalidad de este tema es enseñar lo que Dios piensa de estas prácticas y cómo evitarlas: “Muchos ignoran la pecaminosidad de estos hábitos y sus re–sultados seguros. Los tales deben ser instruidos” (Conducción del Niño, 423).

III. DEVUELVEME EL GOZO DE LA SALVACION

  1. ¿Pero qué hacer si uno está atrapado en las cadenas del pecado sexual? Bueno, en primer lugar le decimos al que no ha caído que se mantenga firme a los principios. Me dirijo al que ha tenido la desdicha de caer en esta red del enemigo, en mayor o en menor intensidad, para decirle que hay esperanza en Jesús.
  2. Pide que el Señor te devuelva el gozo de la salvación, de tu salvación. El gozo del corazón nunca se podrá conseguir en el camino de la pornografía. Sólo está en el camino de la pureza. Si has vagado por el mundo corrupto de la contaminación moral en cualquier forma, pídele al Señor el gozo de la salvación (Sal. 51:12-13).
  3. Todos necesitamos una transformación de nuestra mente (Ro. 12:2). Este debe ser nuestro objetivo (Ro. 12:2). Querido joven, el enemigo trabaja de manera muy sutil, primero te ofrece el pecado en su forma más atractiva para que caigas en él. Después que caíste, viene a ti para decirte que eres terrible, que no tienes remedio, te hace sentir mal e hipócrita. No llegues a la conclu–sión que no hay salida, que tu pecado es demasiado grande para ser perdo–nado y que no vas a ser limpio jamás. Recuerda que Satanás es homicida y padre de la mentira.
  4. No te desanimes. Jesús ordena a los que desean que él les ayude: “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden” (Jn. 14:27) (Nueva Versión Internacional). Es una orden no es algo opcional, se debe creer que hay solución.
  5. Acude a los pies de Cristo en confesión. Recordemos las palabras de Jesús: “El que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37). Pídele perdón a Dios en el nombre de Jesús por lo que has hecho. Reconoce tu pecado concreto, no lo defiendas ni lo justifiques. En Jesús hay liberación de la culpa y del poder del pecado. Sólo la sangre de nuestro Señor Jesús puede limpiar las vidas manchadas por el pecado (Jn. 1:9).
  6. Busca la ayuda de personas piadosas. Lo mejor es contar con alguien especial que te pueda ayudar, un pastor, un padre, una madre, un líder espiritual, una persona que realmente sea probada y espiritual, discreta y que tenga experiencia en estos asuntos.
  7. Lucha con oración y el estudio de la Biblia. Cuando pecamos sexualmente estamos profanando el cuerpo donde mora Cristo (Sal. 51:12). “Debe librarse una lucha constante contra la mente carnal; y debemos ser auxiliados por la refinadora influencia de la gracia de Dios, que atraerá la mente hacia arriba y la acostumbrará a meditar sobre cosas puras y santas” (Mente, Carácter y Personalidad, Tomo 1, 231). La oración constante y sincera, el estudio de la Palabra diario y reflexivo, dará buenos resultados en el reforzamiento de la voluntad.
  8. Deshacerse de todo material impuro. “Los que no quieran ser víctimas de las trampas de Satanás, deben guardar bien las avenidas del alma; deben evitar el leer, mirar u oír lo que podría sugerir pensamientos impuros. No se debe permitir que la mente se espacie al azar en cualquier tema que sugiera el enemigo de nuestras almas. Hay que vigilar fielmente el corazón” (Hechos de los Apóstoles, 427). La Biblia presenta este hecho como un “arrancarse“ el miembro del cuerpo que nos lleva al pecado (Mat. 18:9).
  9. No divagues por internet. Hoy todo está a nuestro alcance en la red, aunque esto tiene mucho de positivo, también es un arma peligrosa si no la usamos bien. Hay que hacer un esfuerzo especial en el tiempo del fin. Esta generación es la más probada, por eso debes aprender a depender más de Dios y hacer experiencias en el Señor, venciendo batallas diarias. El consejo, pues, sería de usar la red sólo en lo necesario e ir al punto, sin entretenerse, porque Internet está diseñado para que vayas donde ellos te dirigen y entres en las páginas que ellos te ofrecen basándose en la recopilación de datos que tienen tuyos según tus gustos de navegación.
  10. No patrocines la pornografía. Las chicas y chicos cristianos deben ser un ejemplo en el vestir, en la decencia, en sus costumbres. Vivimos en la era del desnudo. Lo que hace cincuenta años atrás se consideraba indecencia, hoy es visto como algo ridículo y retrógrado. Es cierto que las maneras de vestir y comportarse han cambiado y que no podemos vestir como en el siglo XVIII, pero el principio de la Palabra de Dios no ha cambiado, es atemporal y está vigente en nuestros días tanto como lo estaba en los días de los apóstoles que escribieron esos principios. La decencia, el pudor, el recato, la pureza, no tienen tiempo ni precio y son la carta de identidad de un verdadero cristiano (1 Tim. 2:9). No vamos a entrar aquí en los detalles, creemos que todo joven cristiano que vive en conexión con Dios, sabe que llevar tal o cual prenda de vestir no es apropiado para la profesión de su fe. Por el vestir y la manera de comportarnos, presentamos testimonio de lo que creemos y somos.
  11. Mantenerse ocupado en lo que edifica.  Busquemos vivir para crecer espiritualmente y ayudar a otros. En vez de deleitarse en material pornográ–fico, deleitemos nuestros ojos en la naturaleza, en los hijos, en la esposa o el esposo, en las cosas buenas de la vida, aprendamos a ver aquello que eleva el alma. Leer buenos libros, escuchar buena música, marcarse actividades familiares o con los amigos, edificantes y recreativas. Dedicarse a colaborar en la iglesia, no te aísles de sus programas. No estar con personas que tienen hábitos corrompidos y que ejercen sobre nosotros mala influencia.

CONCLUSION

    1. La pornografía es un arma poderosísima que esgrime el enemigo para degradarnos y apartarnos del amor de Dios. ¿Deseas vivir lejos del amor de Dios? ¿Qué deseas? Rechaza al enemigo como lo hizo el Señor Jesús, quien fue tentado en todo como nosotros pero se negó a pecar.
    1. Seria bueno que te preguntaras, si es que pasas por este pecado, si te sa-tisface y proporciona paz a tu alma. Pregúntate si eres feliz haciendo lo que haces, y si la respuesta es que no, entonces… ¡Toma posición! Pídele a Dios que te ayude y no sigas degradándote. Cualquier cadena, por pesada y larga que sea, puede ser rota por el poder del Espíritu del Señor Jesucristo. Que Dios nos bendiga. Amén.

© José Vicente Giner