SEMILLEROS DE ESPERANZA

RESUCITADOS CON CRISTO

Objetivos:

  1. Aceptar la resurrección de Cristo como garantía de nuestra resurrección.
  2. Entender que Dios desea que resucitemos con Cristo a una nueva vida.
  3. Saber que la dilación en los asuntos de fe nos puede privar de ir al cielo.
  4. Tomar la decisión de hacer nuestro deber porque esa es la voluntad de Dios.

Introd.

  1. Nuestro Señor Jesucristo vivió una vida de santidad y pureza, Él nunca sucumbió bajo el peso de la tentación, se mantuvo firme y fiel.
  2. Por fin el diablo propició y avivó el odio de los judíos para que llevaran a Cristo a la cruz romana, donde el querido Salvador entregó su vida para salvar al ser humano de su perdición eterna.
  3. Después de pasar por mucho sufrimiento físico y mental, El Señor moría como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y la Biblia lo dice así: “Jesús gritó con fuerza y dijo: —¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, murió“ (Luc. 23:46). (LBLA).

I. LA RESURRECCION DE CRISTO

  1. El cuerpo de Jesús fue llevado a la tumba donde reposó el día de sábado, pero ocurrió algo extraordinario, algo que nos concierne a todos los humanos.
  2. “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo“ (Mat. 28:1-6). (RVR1960).
  3.  
  4. Sí, querido joven, El Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y se apareció vivo a muchas personas que lo conocían, las cuales dieron testimonio de este maravilloso evento. Los ángeles dijeron a las mujeres que buscaban a Cristo entre los muertos: “No está aquí, pues ha resucitado“.
  5. En otro lugar, las Sagradas Escrituras nos dicen que Cristo apareció después de su resurrección a más de quinientos hermanos… (1 Cor. 15:6). Este número de personas es muy grande para que todos se inventen el milagro de la resurrección del Maestro. Resucitó y después de estar un tiempo entre los suyos, ascendió a los cielos desde donde vendrá por segunda vez con poder y majestad para llevarnos con Él al cielo (Jn. 14:1-4).
  6. La resurrección de Cristo es una garantía de nuestra resurrección física de los muertos: “¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él“ (1 Tes. 4:14). (NVI). No tenemos por qué desesperar ni ver la muerte como el final de todo, no. Es un paso hacia la antesala del cielo. 

II. NUESTRA RESURRECCION ESPIRITUAL

  1. Pero la resurrección del Salvador y su victoria sobre la muerte, es también un símbolo y garantía de nuestra resurrección espiritual. 
  2. Por naturaleza, todos estamos muertos en nuestras pasiones y delitos, por–que todos somos pecadores, destituidos de la presencia de Dios (Rom. 3:23). 
  3. El padre del hijo pródigo, cuando lo recibió en el hogar y hablando con el hijo que quedó en la casa y que protestó por la bienvenida que el padre ofreció al desobediente y pecador, le dijo: “Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida…“ (Luc. 15:32). (NVI). 
  4. No es que estaba muerto físicamente, sino que compara a la persona que vive en el pecado con un muerto. Cuando confiesa sus pecados y se aparta, es como si hubiera “resucitado“. Por eso dice el padre del hijo pródigo arrepentido: “Estaba muerto y ha vuelto a la vida“.
  5. A muchas personas no les gusta madrugar y siempre buscan la manera de alargar su estadía en la cama, donde tumbados y bajo las sábanas se sienten cómodos. Cuando empecé mi vida laboral era un adolescente y debía levan–tarme pronto; mi padre me llamaba y yo siempre pedía un poco más de sueño. Pero al final no tenía otro remedio que levantarme si quería mantener mi trabajo. Levantarse del sueño era la clave para enfrentar bien el día.
  6. Acostarse pronto y levantarse temprano es la clave del éxito, piensan muchos. De hecho, el refrán dice: “Al que madruga Dios le ayuda“ y la Biblia nos dice: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que madrugan para buscarme“ (Prov. 8:17). (RVR1977). La resurrección del Salvador tuvo lugar bien temprano, cuando todavía estaba oscuro. El Salvador debía aprovechar el día.

III. ES EL MOMENTO DE ACTUAR

  1. Ahora no es momento de permanecer bajo nuestras sábanas durmiendo. “Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo“ (Efes. 5:14).
  2. Debemos actuar, nadie va a hacer lo que debemos hacer nosotros. La vida espiritual, querido joven, se compone de decisiones. Ahora mismo tú has decidio leer este tema o ir a la iglesia, o ir a tu trabajo a una hora concreta cada día. Decides beber, comer, caminar… La vida victoriosa se compone de decisiones acertadas, correctas… y de llevarlas a la práctica. 
  3. Los que vacilan y lo posponen todo, pasan más y más tiempo bajo sus sábanas de la comodidad, del egoísmo, de la crítica, del odio, de la indiferencia espiritual, de la infidelidad, de la falta de fe, etc., verán desvanecer sus fuerzas y cada vez serán más pusilánimes e incapaces.
  4. La persona pusilánime es, según el diccionario, aquella que muestra poco ánimo y falta de valor para emprender acciones, enfrentarse a peligros o dificultades o soportar desgracias. 
  5. Nadie puede levantarse por ti, nadie hará lo que tú debes hacer. De hecho el Testimonio nos dice: “Él hará por ti lo que no puedes hacer por ti mismo“ (Mensaje para los Jóvenes, 106).
  6. Ahora es el momento de “resucitar“ con Cristo, de levantarnos de nuestro sueño, de nuestra vida inútil, llena de vacilación, de indecisiones, de mediocridad, de buenas intenciones pero de poca acción. Tomemos la decisión de salir de nuestra zona de confort, de hacer más para la causa de Cristo, de comprometernos en dejar el pecado. No podemos seguir bajo las sábanas de la inacción. Mejor es hacer algo que no hacer nada.
  7. Querido joven, Dios te ha dado tu potencial para que tú lo desarrolles; si Dios te pide que hagas algo es porque puedes hacerlo con su ayuda. Levántate, pues, y brilla. 
  8. “La causa de Dios necesita hombres que puedan ver con rapidez y obrar instantáneamente y con poder en el momento debido. Si aguardáis para medir toda dificultad y pesar toda perplejidad que encontréis, haréis poco. Tendréis a cada paso obstáculos y dificultades que arrostrar, y con propósito firme debéis decidir vencerlos, o de lo contrario ellos os vencerán a vosotros… Si algo se ha de lograr, debe hacerse en el momento oportuno. La menor inclinación de peso en la balanza debe ser vista y determinarse el asunto enseguida. Las largas demoras cansan a los ángeles” (Obreros Evangélicos, 139-140).
  9. “Es más excusable tomar a veces una decisión equivocada que estar de continuo en una posición vacilante, inclinados a ratos en una dirección, luego en otra. Ocasionan más perplejidad y abatimiento la vacilación y la duda que el obrar a veces con demasiada premura… las victorias más señaladas y las derrotas más terribles han sido muchas veces asunto de minutos. Dios exige rapidez de acción. Las demoras, las dudas, la vacilación y la indecisión frecuentemente dan al enemigo toda clase de ventajas” (Obreros Evangélicos, 140). 

Conclusión

  1. Querido joven, no es sabio esperar que los demás hagan para hacer tú después. Levántate y haz lo que sabes que debes hacer, sin más demora. Deja ya de vacilar entre el pecado y la fidelidad. Abandona lo que te hace daño y dirige tus pasos por la senda del bien, no sigas tapándote con la sábana.
  2. “En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado“ (Rom. 6:5-6). (NVI).
  3. No permitas que te siga dominando tu naturaleza pecaminosa, Dios te da el poder que necesitas para apartarte del mal. Al resucitar con Cristo, recibes el poder del Espíritu Santo, para no seguir siendo esclavo del pecado, así dice Pablo en el texto precedente. Te animo a que lo hagas. Amén.

© José Vicente Giner