Dios Proveerá

Mensaje de Agosto 2019

Mis queridos jóvenes:

Os saludo en el nombre del Señor Jesucristo y pido que sus bendici­o­nes, amor y dirección sean sobre vosotros en abundancia.

La profesión de Fe

Queremos reflexionar sobre las palabras de Filipenses 4:19, “Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús“ (LBLA).

 

Es algo paradójico que los cristianos tengamos frases hechas que repetimos habitualmente y sin embargo llegado el momento de la prueba nos olvidemos fácilmente de lo que esas frases expresan. Por ejemplo: “Todo lo puedo en Cristo“; “Dios lo puede todo“; “Para Dios no hay nada imposible“, etc. Nos sorprenderíamos si viéramos a priori cómo actuamos bajo la presión, cuando cada fibra de nuestro ser es tensada al máximo. El objetivo de este escrito, es el de ayudarnos a reflexionar en cómo podemos acortar el trecho o eliminarlo, con la ayuda de Dios, entre lo que creemos o expresamos y aquello que hacemos a la hora de la verdad.

 

No debemos olvidar que aquí vamos a ser probados todos. Nadie se salva. El zarandeo individual nos va a llegar tarde o temprano y tendremos que ver qué clase de material tenemos por dentro. Una cosa es hacer profesión de fe y otra es vivir la fe. Estar convencidos del mensaje es una cosa y practicar el mensaje es otra. Esto le pasa a muchos cristianos y por eso la gente crítica el cristianismo y rechaza a Jesús. Tendremos que aprender a aferrarnos de la idea que cuando el viento huracanado de la adversidad sacude nuestra vida, hay refugio en Cristo. Esto es lo más complicado para un creyente en Cristo.

 

Del dicho al hecho hay un trecho

 

La realidad es que si aprendiéramos a colocarnos completamente y con una seguridad absoluta en las manos de Dios, otra realidad viviríamos, nuevas experiencias surgirían en nuestra vida que nos elevarían e inspirarían de forma extraordinaria. El problema es que fácilmente nos desviamos de nuestro objetivo; fácilmente nos desanimamos y hacemos nuestros cálculos sin considerar al Dios que todo lo puede. Es algo bastante incomprensible. ¿Cómo podemos repetirnos hasta la saciedad que Dios es Todopoderoso y cuando vemos que nuestra barquilla está por naufragar nos morimos de miedo? Esto me lo he preguntado una y mil veces. Le ocurrió a los discípulos no obstante que Jesús estaba con ellos. Muchas veces aparece en la Biblia la expresión “duros de corazón“ aplicada a los seres humanos.

 

Esta es nuestra cruda realidad. Poseemos una naturaleza pecaminosa y por eso la Biblia enseña: Es cierto que tenéis buena voluntad, pero os faltan las fuerzas“ (Mat. 26:41). (BLP). Sí, querido joven, nos llenamos de buenos propósitos e intenciones, pero ante cualquier ola que trata de cubrirnos, olvidamos fácilmente que Aquel que libró a los discípulos de morir ahogados en la tempestad que se desató sobre el mar de Galilea está dispuesto a intervenir hoy porque su poder y su amor no ha disminuido. Esto debemos creer.

 

Tenemos un Dios que todo lo puede

 

Vacilar ante los golpes de la vida, dudar, desanimarse, inquietarse, desmoronarse, es humano, nos puede pasar a todos. Pero nosotros no pode–mos dejar que el viejo hombre o la vieja mujer sigan gobernando nuestra mente. Ya lo hicieron durante años en el caso de los que aceptamos la fe siendo adultos. El que está en Cristo es una nueva criatura (2 Cor. 5:17), y es ese hombre nuevo o esa mujer nueva, la que debe aferrarse de la mano de Dios a través de una confianza absoluta en sus promesas. Cuando Dios promete cumple y no como nosotros que faltamos a nuestra palabra con facilidad. Si Dios ha prometido ser nuestro amparo y fortaleza en las tribulaciones (Sal. 46:1), así será: “Lo que he dicho se cumplirá. Yo, el Señor, doy mi palabra” (Ez. 12:28). (DHH).

 

El asunto más difícil de entender es que los caminos de Dios no son los nuestros; su mente divina es inalcanzable para nosotros y es imposible entrar en sus designios. La ayuda divina nos llega siempre que la pedimos, pero no viene como tal vez nosotros nos hemos imaginado. Pero la ayuda se verifica. ¡Cuántas veces Dios ha obrado y obra en nuestro favor pero no nos damos cuenta! Eso no significa que Dios no nos haya escuchado, sino que ha hecho lo que creyó más conveniente para nosotros. Nunca tomará una decisión que nos dañe, tampoco decidirá hacer algo en lo que se equivoque y nos perjudique sin querer como hacemos los humanos. Si una madre observa que su niño de tres años ha tomado su celular y ha conseguido conectarlo y está viendo algo en la pantalla que le mantiene casi hipnotizado, la acción inmediata de una madre responsable es arrebatarle el teléfono al niño. Lo más probable es que ese niño llore desconsoladamente, pero lo que ha hecho la madre es lo justo, motivado por la responsabilidad y el amor. ¿Lo puede entender el niño? No, pero un día lo comprenderá.

 

La acción de Dios es siempre justa y persigue el bien de cada uno de nosotros, aunque no lo entendamos y lloremos desconsoladamente cuando algo se nos arrebata o no podemos controlar. Recordemos que Jesús le dijo a Pedro: “Ahora no entiendes lo que hago…“ (Jn. 13:7). (NTV). Muchos de los capítulos trágicos o tristes de nuestra vida que hemos aceptado resignada–mente tienen su explicación y debemos estar seguros que cuando la sepamos en el cielo, exclamaremos: “¡Vaya, ahora lo entiendo! ¡Qué bueno y sabio eres Señor! ¡Gloria sea a tu nombre!“. Jesús le aseguró a Pedro que entendería un día la decisión que había tomado el Salvador de lavarle los pies. Algunas cosas tal vez las podamos entender en esta vida pero muchas deberemos esperar a ir al cielo para comprenderlas.

 

El problema es cuando bajo la presión de la prueba olvidamos a Dios y buscamos otros canales para superar nuestros problemas, entonces… ya sabemos quién entra en escena para tomar el control de las cosas.

 

Cuando Abraham y su hijo Isaac se dirigían hacia el monte Moría para ofrecer un sacrificio, el hijo del patriarca no imaginaba que la ofrenda iba a ser él. El padre lo sabía y ese pensamiento laceraba su corazón constantemente. No sé qué padre de hoy día en su sano juicio y con una fe robusta podría en–frentar este asunto sin desmoronarse o desobedecer a Dios. Cuando Isaac le preguntó a su anciano padre dónde estaba la ofrenda, porque no llevaban nin–gún animal, Abraham respondió: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos“ (Gén. 22:8). (RVR1960). Y así ocurrió, pero no hubiera sucedido el milagro sin que le precediera la fe que obra por el amor y purifica el alma en la vida de Abraham. Sabemos lo que debemos hacer, entonces hagámoslo y dejemos que Dios provea.

 

¡Esta es clave del éxito de un cristiano! Entender, saber, estar convencidos de que cuando todo parece oscuro o cuando nos vemos en un callejón sin salida; o cuando parece que van a desplomarse los cielos sobre nuestras cabezas, el hombre y la mujer de Dios confían en que Él va a proveer. ¿Lo crees?

 

Conclusión

 

Querido joven, son muchos los cálices amargos que nos toca beber en esta vida, seguramente ya habrás hecho experiencias de esta índole. Pero tal y como dice el apóstol Pablo, “Dios proveerá a todas vuestras necesidades“. Abraham creía lo mismo. Te invito a depositar todas tus cargas, inquietudes y problemas en las manos de Aquel que hizo el universo y que te creo a ti. Que Dios te bendiga. Amén.

José Vicente Giner
Pastor y director del Departamento de Jóvenes
de la Asociación General

 

Para la reflexión:

 

  1. ¿Cuán convencidos estamos del mensaje que creemos?
  2. ¿Ese convencimiento se ve afectado con facilidad?
  3. ¿Qué situaciones traen a la superficie la clase de fe que poseemos?
  4. ¿Qué deberíamos hacer cuando parece desmoronarse todo a nuestro alrededor o en nuestro interior?
  5. ¿Has hecho alguna experiencia en la que has confiado plenamente en el Señor sin desanimarte?

 

Abreviaturas de versión bíblicas

 

LBLA                        La Biblia de las Américas

BLP                        La Palabra (España)

DHH                        Dios Habla Hoy

NTV                        Nueva Traducción Viviente

RVR1960            Reina-Valera 1960