SEMILLEROS DE ESPERANZA

NO SOMOS DEL MUNDO

Objetivos:

  1. Entender que el mundo vive en un estado permanente de negatividad.
  2. Saber que este fenómeno nace de la falta de confianza en Dios.
  3. Comprender que sólo cultivando la firme confianza en Dios venceremos.
  4. Animarnos a vivir repodsando en las maravillosas promesas de Dios.

Introd.

  1. Existe un fenómeno en nuestros países occidentales que lleva a miles y miles de personas a vivir en un estado de negatividad. Ese fenómeno se deriva de los medios de comunicación y de nuestro entorno. Constantemente se escuchan noticias negativas, se ven imágenes de violencia, de sufrimiento y de muerte.
  2. Los mass media abundan en noticias que presentan sólo el dolor del humano, aquello que nos desanima o que nos deja sin esperanza. Allá donde se encuentra algo que sea perjudicial, dañino, destructivo, etc., se lo presenta como noticia del día para teñir de negatividad al espectador.
  3. Los medios informativos necesitan noticias que vendan para tener audiencia, y desgraciadamente la desgracia vende. Se nos fijamos bien, son pocas o casi ninguna, las noticias buenas, llenas de esperanza, alegría, regocijo, gozo, etc., que se dan en los informativos.
  4. Esto lleva a la gente a un callejón sin salida, donde se respira el aire de la angustia, del desánimo, del descontento, de la frustración, de la negatividad, afectando también a los cristianos, teniendo en cuenta la ley de la contem–plación, que dice que somos transformados por lo que contemplamos.

I. LA VERDAD NOS HACE LIBRES

  1. Pero los hijos de Dios, aunque vivimos en este mundo y estamos rodeados de maldad y sufrimiento, no tenemos por qué sucumbir al desánimo y a la negatividad.
  2. El apóstol Pablo nos enseña a pensar y actuar de manera diferente a las personas que no tienen fe. Él nos dice: “Es verdad que vivimos en este mundo, pero no actuamos como todo el mundo, ni luchamos con las armas del mundo. Al contrario, usamos el poder de Dios para destruir las fuerzas del mal…“ (2 Cor. 10:3-4). (TLA).
  3. El Señor nos invita a vivir en el mundo, pero no ser del mundo. ¿Qué significa esto? Dios espera de nosotros que vivamos de la manera que deben vivir los santos, porque tenemos mayor luz que el mundo tiene y es normal que Dios requiera más de cada uno de nosotros.
  4. Jesucristo oró a su Padre y pidió por cada uno de nosotros, por ti y por mi, querido joven, antes de que hubiésemos nacido. Sabía, por la experiencia que había adquirido como humano, que en el mundo tendríamos aflicción, porque él la había experimentado, pero que no debíamos desanimarnos porque el control de todas las cosas está en la mano de Dios.
  5. Jesús pidió al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo“ (Jn. 17:15-16). (RVR1960).
  6. Esto significa que no podemos tomar parte en la actitud de la gente de este mundo, que vive sin Dios y sin su verdad y si tenemos en cuenta que la verdad es la única que nos hará libres (Jn. 8:31), concluimos que la gente vive en permanente esclavitud.
  7. La esclavitud del desánimo, de la negatividad, de la desesperanza, del desamor… La esclavitud de los vicios, del sufrimiento, de la depresión, del pecado.
  8. Jesús dijo que él es la Verdad (Jn. 14:6), por lo tanto, la verdad que nos hace libres es Cristo, es tenerle como nuestro Salvador personal, como nuestro Garante y Sustituto.
  9. Si queremos vencer toda la carga de negatividad que este mundo nos ofrece, no podremos hacerlo con nuestras fuerzas, a priori ya estamos vencidos. Estamos acostumbrados a oír el mensaje de que debemos ser positivos, ver la parte positiva de las cosas, no desanimarnos porque siempre hay puertas que se abren cuando se cierran otras.
  10. ¿Pero dónde queda Cristo? El mundo ha dado la espalda a Dios y por eso nos hundimos en el mal. La Palabra inspirada nos dice que todo lo podemos en Cristo que nos da la fuerza (Fil. 4:13). Es en Cristo que podemos superar las angustias del alma, los problemas que nos afectan, la carga de maldad que nos asalta cada día. En Cristo y no en nuestra positividad, nuestro entusiasmo, nuestra resiliencia, nuestra sabiduría… No, es en Cristo, que podemos tener la confianza que los Goliats de nuestra vida podremos vencerlos con la ayuda de Dios. 

II. VIVIR EN CRISTO

  1. David venció al gigante Goliat porque vivía en Cristo, sabía que su poder, su habilidad, su sagacidad y pericia con la honda dependía de su confianza en Dios; era Dios que iba a solucionar el asunto: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré…“ (1 Sam. 17:46). (RVR1960).
  2. Notemos que toda la gloria, la confianza, la esperanza, la seguridad, David la coloca sobre Jehová. Si bien es cierto que la desventaja era grande entre David y Goliat, David poseía algo que Goliat no tenía y era a Dios.
  3. Los soldados hebreos, creyentes como David, estaban cargados de nega–tividad, de desánimo y ya estaban vencidos a priori, porque no creían en que todo se puede vencer en Cristo que nos fortalece.
  4. Así ocurre a mucha gente hoy día, aun cristianos que aseveran creer en Dios, sin embargo, cuando llega la hora de la verdad, son tan negativos que se centran sólo en la derrota, en lo malo que les va a acontecer.
  5. Pero David había hecho experiencias con Dios y conocía su poder, su amor, su capacidad para hacerle vencer en cualquier ocasión. Aunque David tumbó al gigante Goliat, fue Dios quien dirigió la piedra a la frente del gigante.
  6. Lo que hizo David fue cultivar su confianza en Dios. Esta es la parte que nos toca hacer a nosotros. De la mano de Dios podemos vencer la negatividad que sentimos.

III. PASOS DE VICTORIA

  1. No es algo espontáneo el ver las cosas buenas de la vida y no quedarnos en las cáscaras o la basura. Por naturaleza es muy fácil derrumbarnos, angustiarnos, dejarnos llevar… Esa era la actitud de los israelitas que se morían de miedo ante las amenazas de Goliat.
  2. Puedo imaginarme a cada soldado pensar que enfrentarse con el gigante era una locura, que no valía la pena ni intentarlo, que era imposible salir victoriosos de aquella situación. El “no se puede“ es tan antiguo como el mundo. ¿Será que nosotros somos los “herederos espirituales“ de aquellos guerreros vencidos sin luchar? ¿O tal vez nos identificamos y actuamos como David, que venció en el nombre del Señor?
  3. Confiar en que Dios obrará en las peores circunstancias nos ayudará a no desanimarnos ante tanta negatividad de este mundo. Y esta confianza se desarrolla cuando oramos a Dios que nos de paz, seguridad y tranquilidad en medio de la tormenta. Orando al Padre, en el nombre del Señor Jesús, es como nos fortaleceremos.
  4. Adoptar una actitud de agradecimiento permanente nos dará una perspectiva espiritual que nos ayudará a crecer. Debemos agradecer a Dios por lo que tenemos y no centrarnos en aquello que tienen los otros o que nosotros no poseemos.
  5. Es bíblico desarrollar la esperanza cuando parece que todo se derrumba. La Biblia nos invita a basar nuestra vida en las promesas de Dios y no en nuestros puntos de vista y sentimientos frágiles y quebradizos. Y las promesas dimanan de la Biblia por eso debemos estudiarla cada día para alimentar la vida de fe.
  6. Visualicemos el éxito o la salida en nuestra mente y actuemos en consonancia con esta esperanza, porque Dios es fiel y “…no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla“ (1 Cor. 10:13). (LBLA). “Si puedes creer, al que cree todo le es posible“ (Mar. 9:23). (RVR1960).

CONCLUSION

  1. Vivimos en un mundo con una carga de negatividad tan grande que es imposible a ningún ser humano enfrentarla y vencerla sin la ayuda de Dios.
  2. El cristiano posee unos recursos espirituales que debe desarrollar si desea no quedar atrapado en las cosas negativas con las que se ve confrontado. Los cristianos no somos de este mundo y no usamos las armas de este mundo, ni vemos las cosas como las ve el mundo. Pertenecemos a la gran familia espiritual de Dios y debemos actuar en consonancia con nuestra fe.
  3. El mundo desprecia al pequeño remanente que cree y sirve a Dios, observando sus mandamientos. Somos un pueblo peculiar, con una fe peculiar que nos hace diferentes.
  4. Vivimos bajo las alas del Dios Todopoderoso ¿temeremos? “La gente se desmayará de miedo al pensar en lo que va a sucederle al mundo“ (Luc. 21:26). (DHH). ¿Desmayaremos nosotros también? Que el Señor nos ayude a no vivir en la negatividad. Amén.

© José Vicente Giner