Crisis

Noviembre 2020

Mis queridos jóvenes:

Os saludo en el nombre del Señor Jesucristo y pido que sus bendiciones, amor y dirección sean sobre vosotros en abundancia.

Crisis humanas

A lo largo de la vida, los humanos nos vemos enfrentados a crisis que prueban nuestra estabilidad y madurez mental. Para los cristianos son situaciones que ponen de manifiesto la clase de fe que poseemos. Y es que en la bonanza, cuando todo va bien, no podemos saber si nuestra confianza en Dios es profunda o superficial, si lo que decimos creer es una hermosa pero fría teoría, o por el contrario si lo que manifestamos creer es una convicción arraigada hasta lo más recóndito del alma. Esa sería la finalidad de las crisis que Dios permite que nos asaltan a lo largo de nuestra vida.

Job no hubiera hecho una experiencia tan genuina y extraordinaria si Dios no hubiera permitido que le llegase la crisis. Su crisis tocó cada área de su vida, cada rincón de su alma y los golpes no fueron suaves sino tremendas zarandas que pusieron de manifiesto la clase de fe del patriarca. Job fue purificado en su crisis, aprendió lecciones de alto nivel espiritual y el dolor de sus heridas era tan agudo que decidió colocarse completamente en las manos de su Hacedor. No le faltaron momentos de gran desánimo, pero se confirmó en la fe, esa fe que no depende de lo exterior ni de las circunstancias que estés viviendo, sino de tu convicción personal.

Los jóvenes hebreos, que fueron instados a adorar la imagen de oro que el rey Nabucodonosor levantó, tuvieron que enfrentar una crisis terrible, seguramente la más grande de su vida. Si no adoraban la imagen iban a morir. Por la fe que ellos profesaban, no podían cumplir con el deseo del rey, así es que decidieron echar su suerte con el Dios de sus padres. ¿Pensáis que fueron unas horas fáciles para aquellos jóvenes? ¡Ni mucho menos! Seguramente fueron terribles las sensaciones que experimentaron, la tensión nerviosa que les asaltó. La angustia oprimía sus almas y la crisis parecía que iba a terminar con ellos. Pero no, no se rindieron y decidieron colocar sus vidas en las manos de quien les había creado. Fue una sabia decisión, porque su crisis se tornó en una victoria tan espectacular que hasta el día de hoy la podemos recordar y ser alentados por su fe.

Cuando llegan las crisis

Estas historias que quedaron registradas para la posteridad, son una evidencia a favor de la fe salvadora. Las crisis enfrentadas en el nombre del Señor, nos maduran, nos ayudan a crecer, nos enseñan lecciones muy valiosas, reconducen nuestra existencia, confirman nuestra confianza en Dios, nos hacen personas menos inestables y volubles. Cuando llegan las crisis tenemos, pues, dos actitudes que podemos tomar. Una, desmoronarnos, dejarnos llevar por la corriente impetuosa de la prueba. Caer bajo el peso de los golpes de la vida, rendirnos y abandonar la fe o terminar albergando serias dudas y amarguras.

Dos, colocarnos completamente en las manos de Dios, Aquel que nos creo y sabe mejor lo que nos conviene. Esto significa que aceptamos la voluntad divina para nosotros en vez de la nuestra; que estamos dispuestos a encarar lo que sea sin hundirnos porque sabemos que si Dios está con nosotros, nada ni nadie nos moverán. Esa es su promesa: Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto“ (Prov. 3:5-6). (DHH).

Conclusión

No temáis confiar en Dios. Fiad en su segura promesa: “Pedid, y recibiréis”. (Juan 16:24). Dios es demasiado sabio para errar, y demasiado bueno para privar de cualquier cosa buena a sus santos que andan íntegramente. El hombre está sujeto a errar, y aunque sus peticiones asciendan de un corazón sincero, no siempre pide las cosas que sean buenas para sí mismo; o que hayan de glorificar a Dios. Cuando tal cosa sucede, nuestro sabio y bondadoso Padre oye nuestras oraciones, y nos contesta, a veces inmediatamente; pero nos da las cosas que son mejores para nosotros y para su propia gloria. Si pudiésemos apreciar el plan de Dios cuando nos envía sus bendiciones, veríamos claramente que él sabe lo que es mejor para nosotros, y que nuestras oraciones obtienen respuesta. Nunca nos da algo perjudicial, sino la bendición que necesitamos, en lugar de algo que pedimos y que no sería bueno para nosotros“ (La Oración, pág. 87).

Las crisis a todos nos van a llegar, Jesús lo aseguró con las palabras:

“En el mundo, ustedes habrán de sufrir“ (Juan 16:33). (DHH). Y no sólo a los que creemos, sino a todo el mundo, creyentes y ateos, gente comprometida con Dios y a personas indiferentes por las cosas espirituales; a los ricos y a los pobres, a niños, jóvenes y adultos; a la gente poderosa de un nación y a los más humildes. Todos, todos tendremos crisis. Pero hay una gran diferencia entre los que nos aferramos de las promesas de Dios cuando se desata el vendaval y aquellos que deciden abrir la puerta a la desesperación porque no saben qué hacer.

Que el Señor nos de la fuerza, el ánimo y la confianza necesaria para no sucumbir bajo el peso de la crisis. Sigamos el ejemplo de Cristo que en sus crisis se aferró de la mano del Padre y venció. Toma la mano de Cristo y vence en su nombre cualquier crisis. Dios te bendiga. Amén. 

José Vicente Giner
Pastor y director del Departamento de Jóvenes
de la Asociación General

Para la reflexión:

  1. ¿Qué es una crisis?
  2. ¿Las crisis asaltan sólo a los cristianos?
  3. ¿Qué debemos hacer cuando nos llega una crisis?

Abreviaturas de versión bíblicas

DHH Dios Habla Hoy